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14 de Julio de 2000
Adios...
Te fuiste
como amante fugitivo:
en silencio
y con la luna a tus espaldas,
dejando un vacío insoportable
y una carga de dolor muy pesada.
No dijiste adiós,
no hubo tiempo,
sólo un Padre Nuestro en voz alta,
de alguien al pie de tu ventana.
Tu rostro ya sereno,
lo recibió impasible,
ya realmente no importaba.
De negro está tu casa,
que triste te recibe en su seno,
tu silla la ocupa nueva vida
que aún sus primeros pasos anda.
El círculo se cierra nuevamente:
Cayó el viejo árbol
y su semilla crece fuerte
recordando que la vida anda.
A ti padre querido, donde quiera que estés, si aún me escuchas:
Te amaré por siempre.
(Escrito el 24 de Julio del 2000)
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