|
04.10.06 - 19.01.08
Hablar de alguien que se fue, no es fácil cuando se quiere tanto, pero aprovechando las letras que inmortalizan y el medio que permite que puedan conocerlo todos, comparto mi despedida a mi querido Aslan.
Mi pequeño Hacedor de Mundos, llegó tocado por la enfermedad y así se va para mi dolor: lo recogimos de manos de gente que se compadeció y le dió alimento en un estacionamiento, pero no pudo curarlo. Nosotros lo recibimos con amor y cuidamos su cuerpo, dándole a su corazón el calor que le faltaba y pudimos verlo hermoso y fuerte, por lo que decidimos darle una compañera, mi traviesa Arwen, disfrutando así sus correteos y pleitos por el patio.
Jamás pensamos que la enfermedad lo tocaría de nuevo y así inició su calvario que con espíritu fuerte y apoyado por nuestro afecto, resistió, pero que al final doblegó la carne ya que la prueba fue fuerte y larga.
Hoy pues, por eso debo despedirme de una criatura maravillosa, cuya lista de méritos sería quizás muy larga por mi amor por ella, y estoy segura que aquellos que ven a sus perros como un miembro de la familia lo comprenderán muy bien: era el más bello, paciente, dulce, obediente, cariñoso, juguetón y el mejor guardián de mis sueños que pude hasta éste día tener.
Jamás podré olvidar la luz feliz que cruzó su rostro cuando le llevé su hueso de tela, después de tantos juguetes destrozados; en los momentos en que pensamos que ya no podría seguir, la forma en que pareció recibir a un viejo y muy querido compañero de juegos y desde entonces se convirtió en parte de él y cada vez que nos recibía, su hueso le acompañaba para decirme "lánzame", con ese leve trotecillo orgulloso que se volvía una carrera feliz al verlo volar. Sé que algunos sabrán a qué me refiero cuando hable de ése calorcillo en el alma que se siente al ver esas patas corriendo tras su juguete.
Y no puedo olvidar los pleitos con Gimli, el cual pensaba que se le quería quitar su sitio del consentido de casa, sin comprender que eso jamás pasaría, aferrado en demostrarle, con sus 20 kilos contra 35, que él podía dominarlo, mientras Aslan lo toleraba en silencio para no hacerme enojar si se peleaba con él. Igualmente, el despertar brusco en la noche llena de truenos, en el que su negro cuerpo buscó cobijo en la cama, a nuestros pies, acto sorprendente ya que él nunca había querido subirse al contrario de los otros y en medio de la oscuridad sus ojos clavados en los míos buscando sentirse seguro acurrucándose al ver el permiso implícito para quedarse ahí.
Se que mi esposo lamentará mucho el no tener a su otro compañero de juegos, a su guarura fiel que le acompañaba, mientras pudo, a correr en las mañanas y también por ahí, el perro de un vecino, aún recordará la sacudida que le dió por acercarse demasiado a Arwen.
Me imagino que Narnia, la compañera de Gimli, con la cual mantenía una respetuosa y cordial relación, también lo extrañará, ya que ella, en últimas fechas, parecía defenderlo de los aceleres de Gimli.
Quiero pensar que efectivamente hay un espacio donde él nos esperará para irnos juntos, quiero creer que podrá correr y jugar con otros perros mientras llega el día en que nos reuniremos y volveré a ver su rostro, sentir su suave pelo al abrazarlo y como en esas noches en que interrumpía un mal sueño, su lengua humedecerá mi rostro.
Mi querido Aslan, hoy que nos vemos obligados a despedirte, quiero que nunca olvides el camino a casa, que recuerdes siempre que te amamos y que tu plato estará dispuesto para ti.
|